Este mediodía, al bajar a Thor a dar su paseo de las 3 de la tarde, me he encontrado a una loca chica de más o menos mi edad que llevaba un patito en brazos.

No de goma, no. Un patito de verdad, de los de cuacuá. Y lo ha soltado por el parque.

El caos de perros hambrientos, perros a la fuga, perros tirando de la correa, perros ladrando y gatos deslizándose sigilosamente entre las matas de tomillo y romero ha sido para verlo. Y la chica toda ofendida.

Hay cada loca suelta que da grima.